LANCE TABÚ. HIJAS DE VULCANO.





Se sumergió varias veces para ver el fondo. Multitud de pequeñas colonias de peces de colores merodeaban a su alrededor. El sol estaba en su punto álgido. Había oído hablar de una cueva debajo de agua. El acceso era desde abajo, a unos 3 metros de profundidad. Descendió a pleno pulmón y encontró la entrada. Ascendió como por un tubo volcánico. Se veía la claridad del sol desde la superficie. Cuando pudo sacar la cabeza fuera del agua soltó una bocanada de aire y respiró profundo. Quedó deleitada por aquel lugar. La imagen era bucólica. Pronto reparó que no estaba sola. Una chica estaba tumbada desnuda debajo del halo de luz del sol que entraba de la cúpula. Se incorporó y se cubrió con la toalla.
-No viene mucha gente por aquí. Solo los lugareños.-comentó la chica.
-Hola soy Tanika. Soy turista. Fue un lugareño quien le habló de este sitio. Es fantástico. Veo que tú te has montado un pequeño camping.
-Yo me llamo Lea y soy submarinista. Trabajo en un negocio donde se organizan inmersiones para turistas aunque este lugar es secreto. He traído una mochila impermeable con algunas cosas para picar y una pequeña selección de mini botellas de cava. Me puedo quedar a vivir aquí. Estaba tomando algo de sol. ¿Te importa que me desnude?
-No por favor. Tú a tu rollo.
-Podemos compartir toalla.- dijo Lea sonriendo.
Lea comenzó a estirar la toalla y Tanika reparó en lo exuberante de su busto y la forma tan bonita que tenía. También se fijó en su espalda desnuda dorada y ahora al agacharse en su trasero. Le pareció muy atractiva. Consideró que acorde a la bienvenida y hospitalidad de Lea, ella también se debía desnudar para tomar el sol. Tanika era una mujer de talla grande, una mujer curvy. Cuando se quitó el traje de baño tuvo curiosidad por saber la reacción de Lea. Esta le acercó el bronceador y se ofreció a ponérselo. Tanika se lo agradeció y se recostó boca arriba. Cuando Lea llegó a la parte del pecho, Tanika llevaba rato observándola con una sonrisa y Lea se dio cuenta. Paró y se quedaron mirando. Se acercaron y le dio un beso. Empezaron a acariciarse su piel desnuda mientras se besaban dejando rozar sus lenguas de cuando en cuando. Lea sacó un paquete bolsas trasparentes y con un pequeño cuchillo de supervivencia abrió una. Abrió sus piernas y buscó a Tanika. Cuando tuvieron sus sexos cerca, Lea colocó la bolsa a modo de profiláctico y formaron al acercarse una tijera perfecta. Sintieron sexo contra sexo. Comenzaron de manera constante a danzar al ritmo de la atracción que habían sentido. Al mismo tiempo cada una se acariciaban sus senos. Primero una y luego la otra vivieron un llegar al culmen como nunca antes. Se sintieron hijas de Vulcano en aquel tubo volcánico, bajo aquel sol encendido que bajaba de lo mas alto a rozar sus cuerpos desnudos.

Celia Sánchez


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